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17.3.17

PULSIÓN AZABACHE

Enrique "Kike" Ferrari, premiado autor argentino, comenta con nosotros su obra y repasa usos y miradas sobre la artesanía del policial negro.

Por Adrián Bonilla

Foto: gentileza de Enrique Ferrari
 
Me habría gustado comenzar esta entrevista preguntándole a Enrique Ferrari cómo se siente cuando lo entrevistan. La tentativa de la pregunta viene a cuento de que a Ferrari lo entrevistaron y lo siguen entrevistando importantes medios nacionales, tanto gráficos como audiovisuales. El autor vive en Buenos Aires y por eso convinimos realizar esta charla vía mail. Ferrari es escritor y trabaja en la Línea B del subte. Ha escrito novela, cuento, crónica y ensayo. Recibió premios a su labor novelística en España, Francia y en Cuba. A pesar de que críticos y escritores (Sábato incluido) hayan dicho y sigan diciendo que el policial es un género menor, autores como Ferrari logran desbaratar esos dichos elevando la escritura del policial a la única categoría posible: la de Literatura.   


En Triste, solitario y final, Osvaldo Soriano viaja a Norteamérica para seguir los pasos de Philip Marlowe, el detective creado por Raymond Chandler. El Vasco Izurbeta (que intuyo tu alter ego), el escritor de Operación Bukowski, tu primera novela, ¿qué fue a buscar?

Aunque, dentro de la lógica de la novela, parezca más relevante aquello de lo que escapa –el fin de las utopías, los amores perdidos, los trabajos horribles, el sinsentido– que aquello que va a buscar, el viaje del Vasco es, más que ninguna otra cosa, una huida hacia adelante que termina llevándolo, un poco de casualidad, a la literatura y el crimen.
Novela de iniciación, novela de viajes, novela de lecturas y también primera novela: Operación Bukowski puede ser pensada como mi propia huida hacia el mundo de la literatura. Y, de manera más lateral, el camino por el que iba a llegar al género negro. 
 

¿Cómo fue vivir como ilegal durante tres años en la cuna de la novela negra? 

En realidad yo viví apenas en una parte muy pequeña y específica de los EEUU, el sur de Florida, que casi nada tiene que ver con los teatros de operaciones en los que nació el género negro.
Fue en otro sentido que esos años de exiliado económico y ciudadano sin papeles me marcaron en relación a la literatura, cuando decidí que iba a hacerla mi oficio. Aquello que tan claramente dijo Chester Himes: que la sociedad puede pensar de mí como quiera y ponerme los motes que elija –ilegal, alien, wetback– que mientras yo siga escribiendo soy un escritor. Y nadie puede sacarme eso.

¿Por qué elegiste escribir desde el policial negro?

Es una respuesta múltiple que yo suelo responder de una manera simple, por lo que a mi respuesta siempre le falta algo.
Veamos: por un lado el tema del género negro es el crimen o, mejor, las relaciones económicas del crimen, y por lo tanto es una gran herramienta para narrar una sociedad basada en el crimen que supone la apropiación del plusvalor. Al mismo tiempo hay violencia implícita en su lógica primaria que es ideal para contar unas historias que a mí me interesa contar. Esto en cuanto al contenido.
Pero además, y quizá sobre todo, es un género que permite utilizar gran cantidad de materiales y recursos narrativos, usos de la lengua y que, como toda la literatura que me interesa, es permeable a todo tipo de trasvasamientos, influencias y cruces, tanto de otros géneros de la cultura de masas –pensemos en el western, el terror, la aventura– como de otras aéreas de la cultura: desde el comic a la filosofía, desde el cine a la política, desde el periodismo al rock.

En Que de lejos parecen moscas ensayás un cruce de recursos narrativos provenientes del policial clásico y el negro. ¿Qué importancia le das al género clásico?

Como te decía recién, sólo me interesan los géneros si no habitan la estandarización de la forma; cuando están en diálogo con recursos de otros orígenes. Pero además me parece que gran parte de la pericia en el oficio de escribir consiste en usar las mejores herramientas que se pueda para armar la máquina narrativa que la historia que queremos contar necesite. Para Que de lejos parecen moscas usé, entonces, como intento hacerlo siempre, aquello que hizo falta para que la historia pudiera ser contada.
Dicho esto, el viejo policial de deducción suele interesarme más como lector que como escritor. 

¿Cómo convive el escritor Kike Ferrari, que lleva escritas y publicadas cinco novelas, con el Kike Ferrari que debe trabajar como maestranza en una línea de subte?  

Con naturalidad. De hecho también conviven con el Kike que va a la cancha a ver a River, el que toma cerveza de la botella, el que lleva a nuestros hijos a la plaza, el que lee con entusiasmo y escucha heavy metal, el que se acuesta junto a nuestra compañera, el que practica artes marciales, el activista sindical, el que paga tarde y mal nuestras deudas y unos cuantos más. No suele haber grandes conflictos entre ellos, aunque viven en un estado de Asamblea Permanente.

¿Cómo es tu rutina de trabajo con la escritura, si es que la hay?

Hace años que no tengo rutina de trabajo con la escritura. Mi jornada laboral nocturna y tres hijos pequeños son una combinación letal. Trato de escribir a diario, pese a todo, aunque raramente lo consigo.

¿Y en el subte?  
  
Mi trabajo en el subte empieza cuando pasa el último tren –a las 23hs–  después de cerrar la estación. Mis dos compañeros y yo limpiamos durante las siguientes seis horas –con un receso de treinta minutos que usamos para tomar mate y en el que yo suelo corregir lo que haya escrito en el día– y volvemos a abrir a las 5 de la mañana, cuando se reanuda el servicio.
  
Si te dieran a elegir un trabajo, cuál elegirías.

Catador de Johnny Walker

¿Qué escritores admirás?

A los que cuentan historias. A los que respetan a sus personajes. A los que complejizan las formas en la escritura sin entorpecer la lectura. A los que saben manejar los silencios y las sombras. A los que encuentran el equilibrio entre la narración de los hechos y la belleza de las palabras.
                                       
Creo que en tu caso se cumple eso de que nadie es profeta en su tierra. En 2012, Que de lejos parecen moscas fue galardonada en España, durante La Semana Negra de Gijón, con el primer premio a la mejor primera novela negra: ¿qué lectura hacés de ese reconocimiento que viene de tan lejos?

Bueno, yo no pienso en la Semana Negra, aunque suceda en Gijón, como un evento español, la Semana Negra no está lejos, es una parte de todos nosotros.
Recuerdo haber vivido con enorme emoción, alegría y cierta incredulidad que mi laburo hubiera sido premiado en la Semana Negra, como me pasó cuando recibí la mención del Casa de las Américas, de Cuba. Pero ningún premio hace que mi trabajo –ni el de nadie– sea mejor o peor. Sólo vale escribir, escribir y escribir. Y festejar los premios como lo que son:una caricia al alma, una inyección de ánimo y, sobre todo, la posibilidad de llegar a más lectores.
En ese sentido hubo sí un momento en que la mayoría de mis poquitísimos lectores estaban en España. Creo que hoy eso se revirtió.-

5.7.16

CRIATURA POP



ENTREVISTA A FLORENCIA VARAS GUARÁZ
Por Claudio Rojo Cesca

Florencia Varas Guaráz


El arte pop puede operar como una forma de shock frente el objeto banal o perecedero, más propenso al efecto plástico que a la vocación de perdurar. Y si bien las obras de Florencia Varas Guaráz funcionan como shock estético (ahí están los colores estridentes, la apetencia de la simplicidad, el trabajo sobre lo plano), su infiltración casi molecular y su paleta de referencias tienden una red de sentidos que vitaliza la experiencia visual y la llena de interrogantes. Su arte procura conservar las huellas que lo ensayan, en otras palabras: pone en evidencia las marcas y los pasos en falso para excomulgar del lienzo el rechazo a la artificialidad, haciendo de ella una evidencia expresiva y vivificadora.    

¿Cómo empezó tu camino en el arte plástico?

Empecé haciendo copias, imitando artistas que admiro, como Andy Warhol. Pero desde hace cuatro años me enfoco en crear algo propio, con un estilo más personal. Siempre me ha gustado dibujar. He seguido, en parte, los pasos de mi viejo, que también es artista plástico. En cuanto a la vocación, él ha sido mi modelo a seguir y un gran apoyo para que yo no deje de dibujar una vez que empecé mi adolescencia, que es el tiempo en que muchos de esos intereses se van perdiendo. Claro que tenemos estilos muy distintos. Su obra está más vinculada a la tradición de Santiago del Estero y las leyendas. Lo mío, obviamente, va por otro lado.

¿En ese sentido, por dónde crees que pasa tu obra?

El arte que hago tiene una impronta infantil e ingenua, más cercana a los dibujos animados, que también  son una fuerte influencia. A veces incluyo a personajes de series que he seguido siempre, como Ren & Stimpy y Hora de aventuras. Me gusta el movimiento Pop y el arte pop también es eso: consumo. Incluir o estilizar esos personajes es otra manera de consumirlos. También trabajo lo visual desde las emociones. Por ejemplo, mis ilustraciones en blanco y negro son mi lado más emo y eso tiene que ver con cómo me siento cuando dibujo. Si estoy triste lo primero que hago es dibujar y así olvido lo que me pasa. Me salen cosas en blanco y negro, deformes, no figurativas. Pero el proceso, en general, es algo que me hace sentir bien.


¿Qué artistas han influenciado tu trabajo?

Mis autores favoritos son Andy Warhol y Basquiat. Warhol es muy mecánico y prolijo; para él no se tiene que notar la pincelada. Basquiat es lo contrario: hace notar el trazo, a menudo dejando espacios inacabados en sus cuadros. Miguel Repiso, con quien tuve la oportunidad de pintar alguna vez, me decía que hay que poder mostrar los errores de la obra. Si un ojo te ha salido mal, no lo borres: pasá por encima, mostrá tus huellas. Por eso las ilustraciones que comparto salen bastante rápido y no les dedico mucho tiempo. No porque no me importe, sino porque así consigo esos efectos. Por otro lado, trabajando de ese modo, puedo mostrar que la obra no es algo mecánico: el lápiz, la mano del artista, el borrador, todo eso ha estado ahí y se ve.

Has participado en muestras colectivas y pintado murales y también compartes material en las redes. ¿Cómo percibes la recepción de tu obra?
Hay gente que le gusta lo que hago y gente que no. En Santiago, suele gustar el tema social, cosa que yo no trabajo de manera directa. Lo mío va más por la impresión visual, pero a veces la gente genera sus propios significados. Lo que me gusta a mí es jugar con los titulos, que sirvan de punto de partida para darle sentido a la obra. Otras veces la misma gente me dice, de manera libre, cosas sobre lo que hago y yo lo tomo. Alguien puede preguntarme qué significa tal cuadro y yo les contesto con otra pregunta: ¿qué significa para vos? El significado es eso mismo que me responden. Otras veces el público interpreta en función del título del cuadro y, en realidad, el título no es más que la canción que estaba escuchando al momento de pintar.

Sos muy activa en las redes sociales, cosa que ha contribuido a que tu obra circule.

Face es una herramienta muy importante para compartir lo que hago y conocer qué están produciendo otros artistas. En mi muro cuelgo varios dibujos y así mantengo contacto con la gente. También tengo entre mis planes armar una muestra. Es algo que quiero hacer y, creo, una meta para cualquier artista plástico. Pero todavía tengo que producir más: quiero que sea material que no haya pasado por las redes. Una muestra debe ser algo más íntimo y prefiero que quienes vayan, se encuentren con algo nuevo.

Otro tipo de experiencia que me interesa es el muralismo. Hasta el momento he trabajado tres obras, una de ellas a través del concurso Ruta de Murales, que pinté junto a otros dos chicos en una pared con una superficie de 10 x 4, detrás de la terminal. Y recientemente quedé seleccionada en un concurso de murales sobre el medio ambiente que lanzó el Concejo Deliberante, así que estoy trabajando en eso. Será en un paredón de la calle Andes, en la zona del Colegio Centenario.

Contanos sobre La otra mirada.

La otra mirada surgió, en su primera edición, como un espacio que daba lugar a obras que participaron en un concurso de la Fundación Cultural y no fueron seleccionadas. El 24 de Mayo de este año se hizo la tercer muestra y yo participé en la organización. Fue más abierta en cuanto a tamaño de la obra y estilo. También se incluyó esculturas, fotografía y dibujo.  La idea era convocar a personas que recién comenzaran y tuvieran ganas de exponer. Para muchos fue la primera vez que exhibieron en una muestra, así que sirvió como oportunidad para ellos y para quienes los tuvieron la chance de descubrirlos. Pasar de dibujar en la hoja a compartir la producción en una galería es un salto muy importante. También sirvió, indirectamente, para promover convocarotias a distintos emprendimientos. Son ocasiones que permiten tender puentes y dar a conocer lo que se está haciendo en la provincia, a la vez que estimulan a que los artistas sigan produciendo.-

9.5.16

EL OFICIO DE INMORTALIZAR



Fotografía urbana que traza fragmentos del relato social y dialoga con las posibilidades del cine, la poesía y la música: una pequeña ventana a la inquietudes de Lenina Uliánova.

Por Claudio Rojo Cesca

Lenina Uliánova





Lenina Uliánova es una fotógrafa santiagueña radicada, desde hace varios años, en Buenos Aires. Comparte su trabajo en las redes sociales y la web en general. Su mirada atraviesa (y es habitada por) el cine, la poesía, la música y, particularmente, lo político. Construye, desde este atravesamiento, retratos del sujeto anclado al espacio social y sensible, que lo nombra y articula como lo que es: un bicho del nido cultural, con sus dramas, su felicidad imperfecta, su ruido blanco.    

¿Qué significa la fotografía para vos?

Foto: Lenina Uliánova
Es una pregunta bastante complicada y se me ocurren varias cosas para decir, pero lo esencial sería inmortalizar un recuerdo, en el caso de la fotografía callejera. Me pasa que, de vez en cuando, veo algunas fotografías viejas y recuerdo el momento exacto en que pasó, podría decir que son los fotogramas de mi vida. En cambio, con los retratos es muy diferente y mi objetivo es que la gente se mire de otra manera. Es gratificante que alguien se mire sorprendido y diga: ¿esa persona soy yo? La fotografía es el amor que tengo por la imagen, por no olvidarme de cada segundo. Soy tan obsesiva que incluso recuerdo imágenes que podrían haber sido fotografías geniales y no lo fueron por distintas circunstancias.

¿Qué artistas, no sólo fotógrafos, influyen en tu trabajo?

En el ámbito de la fotografía, mis favoritos son muchos pero me limito a nombrar a Diane Arbus,
Robert Mapplethorpe, Robert Cappa, Vivian Maier, Joel Peter Witkins, Nan Goldin, Mary Ellen Mark, Aleksandr Ródchenko, Sara Facio. La mayor parte de mi trabajo se compone de escenas de películas. Soy muy observadora del uso de las luces y generalmente lo aplico en cada fotografía. Me gusta mucho Tarkovsky, Lynch, Gaspar Noé. El cine me persigue: cada imagen que veo, en realidad, es un recuerdo de alguna película o al menos me transmite la misma sensación. Aquellas fotografías iluminadas en blanco y negro no son más que un resabio del expresionismo alemán que he consumido, cinematográficamente hablando.

Contanos cómo aparece el componente político en tus fotos. ¿Qué es la política de una imagen?

Creo que lo político está presente en cada manifestación artística, ser apolítico y en los tiempos que estamos atravesando es un error imperdonable. Tengo una especie de amor-odio con el fotoperiodismo, detesto la demagogia y trato de mostrar otra faceta.  Para mí la política en la imagen es retratar la emoción que te genera, el contexto y las personas. Creo que por algo le tengo mucho afecto a la obra de Mónica Hasenberg. No me refiero a que se deba considerar política una imagen relacionada con eso, justamente es marcar nuestra ideología en una toma.

Foto Lenina Uliánova
Buena parte de tu trabajo fotográfico pasa por recoger fragmentos de la ciudad, el barrio, la gente que lo vive desde adentro. Muchos de tus retratos funcionan como una especie de continuidad del paisaje urbano. ¿Te parece que se descubre o se construye, desde la semántica de la imagen, una identidad urbana?

Totalmente, es dejar al descubierto la particularidad de un barrio, mostrar a las personas en situaciones cotidianas. De hecho, yo soy de Santiago del Estero y para mí es como ser una eterna extranjera, una desterrada. Así, desde esta postura, he validado todos mis trabajos.

Sé que cada tanto has acompañado la exhibición de material (tuyo o de otro artista) en las redes sociales con textos en prosa y poesía. ¿Hay algo en la imagen literaria que tenga que ver con la imagen fotográfica?

En mi caso, es un sí. Hay un libro que me marcó en ese sentido, “Expresso Nova”, de Burroughs. Es un libro que leo y son miles de fotogramas. Generalmente, uso extractos de poemas, citas de libros o frases de canciones, lo hago porque cuando observo la foto pienso en cómo sería si tuviese que escribir algo sobre ella.

Como espectadora/lectora de la imagen ¿qué debe tener un retrato para que te resulte interesante? 

En los retratos, siempre observo la expresión, me lleva a imaginarme todo lo que la persona esconde por detrás. Me gusta el dramatismo, lo oscuro, por eso me gusta tanto Diane Arbus.

Foto: Lenina Uliánova
¿Te parece que la discusión "foto digital versus foto analógica" todavía merece  su vigencia?

La fotografía analógica es un amor eterno, implica un proceso muy placentero y le tengo un afecto enorme. Es más: creo que todos los que nos iniciamos con analógica nunca olvidamos la sensación de revelar, el olor del cuarto oscuro, el resultado final. Lo digital no se asemeja a ese proceso.

¿Qué cámara/s sueles usar?

Canon analógica y digital. Ahora le tengo mucho cariño a la estenopeica. En realidad, cualquier tipo de cámara me viene bien, siempre fui partidaria de hacer cosas buenas con pocos recursos.

La poeta Diana Bellessi dijo una vez que la ética del artista pasa por estar atento a la claridad de la inspiración, cuando aparece, en el eco de un verso o de una voz, y tener la voluntad y el tiempo de volcarla en un soporte. ¿Te parece que hay una ética para los fotógrafos?¿Cómo funcionaría?

Foto: Lenina Uliánova
Es que la hay, como mencioné anteriormente, detesto la demagogia o las intenciones  maliciosas al momento de disparar. Con mis colegas hemos tenido cruces muy fuertes respecto a ese tema, me parece que a la hora de fotografiar debemos respetar el espacio que el otro nos cede para entrar en su vida, para dejarlo expuesto.

¿Qué trabajo de edición haces con tu material?

Uso bastante la edición, mediante la edición la fotografía se puede ver mejor de lo que la imaginé, forma parte de la composición. Soy una fracasada del dibujo, así que la fotografía y sus elementos me permiten expresarme en el campo visual.

Tu fotografía transmite algo de la textura del videotape. ¿Esto es intencional? ¿Hay una búsqueda por instrumentalizar el tiempo en una apuesta estética como esa?

Sí, es intencional. Amo los colores y las texturas del videotape. En la fotografía me agrada mucho la estética del pasado, es decir, plantear una atemporalidad en la imagen.

¿Qué puedes decir sobre la difusión de la fotografía como práctica social con aspiración estética en las redes?

Lo veo como algo muy positivo. Me parece que difundir nuestra mirada anima a otros a tener una visión crítica del contexto y, por qué no, de ejercitar otra forma de ver a las personas que los rodean. Propongo algo que me resulta muy agradable y es que cuando voy viajando en el colectivo, observo a todos y cada uno de los pasajeros. Imagino cómo podría fotografiarlos, toda la ciudad te ofrece tomas excelentes y la tristeza de no inmortalizarlas.-

Foto: Lenina Uliánova


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